Publicado por: EWS
27 de mayo, 2026
Un estudio técnico aprobado no es suficiente si la comunidad ya no confía en él.
En el Perú, la aprobación de un Estudio de Impacto Ambiental no garantiza que un proyecto pueda avanzar. El caso de Tía María, de Southern Perú Copper Corporation, lo demuestra con una claridad que todavía cuesta millones de dólares. Este es el ejemplo más emblemático de lo que ocurre cuando el modelamiento ambiental llega tarde y mal.
El primer EIA del proyecto, presentado en 2009, fue declarado inadmisible por el Ministerio de Energía y Minas en 2011. La razón: más de 1,000 observaciones, muchas de ellas centradas en algo esencial para las comunidades del Valle de Tambo: ¿el agua del valle estaría contaminada? ¿El polvo de la mina afectaría los cultivos?
Las protestas que siguieron no fueron solo políticas. Fueron la respuesta a preguntas técnicas que el estudio no supo responder con suficiente solidez.
+1,000 observaciones al primer EIA — muchas vinculadas a impactos hídricos y
atmosféricos. Fuente: Ministerio de Energía y Minas, 2011
Lo que vino después
En 2013 la empresa presentó un segundo EIA con cambios sustanciales: uso de agua de mar desalinizada, un estudio hidrogeológico que demostraba la ausencia de conexión entre el tajo y el acuífero del valle, y modelamiento de dispersión atmosférica más detallado. Este segundo estudio fue aprobado en 2014. Pero para entonces, la percepción de riesgo ya estaba instalada. Técnicamente más sólido, el proyecto nunca recuperó la confianza que el primer estudio erosionó. Solo el paro de 2019 generó pérdidas de US$ 675 millones en exportaciones en 27 días. En abril de 2026, la inversión de US$ 1,800 millones sigue en suspenso.
Un modelamiento tardío o reactivo puede aprobar el EIA ante la autoridad, pero no
recuperar la confianza perdida. El modelamiento ambiental debe ser parte del diseño
del proyecto, no un requisito de último momento.